uno llega a esta villa tan blanca a la hora de cenar y se la encuentra
vacía, tanto que asusta... lo que pasa es que son fiestas y todo
el mundo está en el recinto ferial (una cosa curiosa común en
Andalucía, me cuentan, lo de irse a celebrar la fiesta a un
recinto incómodo, sucio y ruidoso... lo que pasa es que en
Moguer habían vaciado talmente el resto de las calles)
de manera que pude admirar el monumento al poeta local
cuya huella está hasta en los comercios
esa noche me sentí también peludo y suave, como el burrito de
Juan Ramón Jiménez