de nuevo me dejan viajar... qué bien. De nuevo con la excusa de
trabajar en cosas de planetarios, a una reunión, pero con la
posibilidad de perderme al menos un momento entre las hoces
del Júcar...
...y del Huécar, y ver las casas colgadas, pasear por estos lugares
que son como de otro mundo. Hablo, evidentemente, de
Cuenca
(de la original, de la española, quiero decir)
me decía, justamente,
Vendell, que esta ciudad es paradójica, entre
otras razones, por tener una parte moderna casi más pequeña que
el casco antiguo. Posiblemente tiene razón: a mí me encantan las
ciudades antiguas, con enormes y desproporcionadas catedrales
como es el caso
(me dice
ElPez, pero lo mismo lo ha soñado, que él recuerda una película
de Godzilla en la que el saurio radiactivo se carga esta catedral... una de
las muchas historias apócrifas que me suelta)
cerca de la Torre Mangana, al lado del
Museo de las Ciencias,
me daba cuenta de qué poco conozco esta ciudad, ni a sus habitantes
(de hecho, así al pronto, podría nombrar a gente como José Luis Perales
o José Luis Coll, lo que no dice mucho de mí, claro... ¿Maricarmen
la de los muñecos también era de Cuenca o es vallisoletana?)
la ciudad, afortunadamente, ha sobrevivido a esos joseluises, y ví
algún que otro colega en los escudos como prueba de ello
pero lo más bello (e imposible de meter en el nokia) era la noche
iluminada de las hoces y los monumentos... contaminación
lumínica de la bonita