hay que sumergirse en el otoño, porque los colores mandan,
porque hay que hacerlo: como un rescate de algo que se está
yendo, una persecución de esa ola de colores que ahora
estallan en cuanto el sol lo permite
me he escapado un poco por el otoño navarro, hacia el norte,
donde el aire del mar penetra por el Bidasoa y crea un espacio
único en el que hayas, robles y castaños conviven con palmeras
que trajeron de otras tierras: nos fuimos a Bértiz
cómo no subirme encima de una Lamia de hormigón, impertérrita
desde que Xabier Santxotena la plantó aquí
o subir desde Etxalar hacia Francia, buscando patos que vuelan
al sur, huyendo de los cazadores
cómo no sumergirse en este otoño
sí, fue ElPez el que me llevó, como siempre que consigue escaparse
de sus eclipses y demás astronomías
ahora, además, le debo un regalo de cumpleaños a mi chófer