otro fin de semana de estos que me monta ElPez a base de
avión al otro lado del mundo (vía Barajas, por cortesía del
centralismo aéreo ibérico o más bien iberiaco) y meterme en
salas de reuniones con un montón de gente... ya me tiene
acostumbrado, pero cuando el destino es A Coruña, duele
más no tener tiempo para andar por ahí, ver las gentes
y disfrutar con los buenos amigos... qué se le va a hacer.
afortunadamente, en Barajas me encontré con Don Félix
y también con dos peligrosos periodistas científicos, Ignacio
Fernández Bayo y Toni Calvo. Vivían ellos en la inopia y
no me conocían, así que ElPez hizo de introductor... lo que
pasa es que no pude hablar con ellos todo lo que quería: ellos
iban a la entrega de los prismas de divulgación científica que
los Museos Científicos Coruñeses montan todos los años,
y ElPez se iba de reunión con los comités científicos y museo-
lógicos (olé el palabro) de Artabria, un proyecto que será
impresionante, de veras... luego cuento más.
bueno, antes de ponerse en plan ártabro, ElPez aprovechó
para inmiscuirse en la presentación de un texto que ganó el
premio el año pasado, "Adaptarse a Internet" de la psicóloga
Helena Matute
el libro, me cuenta ElPez, está fenomenal (lo daba ayer domingo
La
Voz de Galicia por dos euritos de nada, además), pero sobre todo
a mí me encantó conocerla a ella... no sabía que los psicólogos
podían ser tan encantadores en lo humano, qué cosas.
saludé también a Dona Gioconda sapiens, que está en la Domus,
la casa del hombre que tienen allí en A Coruña
y le ví la silueta a Marilyn, otra sapiens notable (por cierto que se
me escapó de la foto el de
Microsiervos, a ver si le pillo otro día)
oteé el horizonte en la bahía del Orzán con la vela extendida
de pizarra que creó Arata Isozaki para este museo increíble
Vendell nos llevó un rato por las calles metálicas bajo la lluvia
de esa ciudad tan bella
y caí (enamorado, claro) en las garras de
San Antón do Castelo,
ese Pater que es capaz de encandilarnos a todos con la cultura
castreña (que no castrense) de Artabria, ese centro
y parque y todo que está por nacer en torno de las excavaciones
del Castro de Elviña, ahí mismo, casi comido ya por la ciudad
y el tiempo
aunque las reuniones nos llevaron mañana y tarde, tuvimos
oportunidad de que José María nos enseñara el castro
daba no sé qué ver el trabajo de las excavaciones arqueológicas
al lado de tanta gente sabia de esos temas de la antigüedad
(yo me imaginaba un poco Sir John Moore muriéndome allí mismo
o casi, pero tampoco era cosa: eso había pasado unos miles
de años después de que levantaran esas murallas impresionantes)
me dice ElPez que eso de ser parte asesora de un proyecto le hace
ilusión, pero también comenta que los comités esos científicos y tal
son unos plastas que sólo deben dar opiniones un par de veces como
mucho, que si no las cosas nunca se hacen. Y en Artabria habrá
muchísimas, muy interesantes: un bucear en la historia, en cómo
se desentraña, un viajar en el tiempo y aprender algo en el camino,
un descubrir que la naturaleza puede seguir existiendo en compañía
de los humanos, incluso cuando se la come un ciudad grande
y ver un aljibe bimilenario que aún tiene agua da que pensar
la pena fue que el avión que nos traía de vuelta el domingo
se iba demasiado pronto, así que ElPez no se pudo ir con
Vendell, con Pawley y tanta otra buena gente a manifestarse
gritando "Nunca Máis" en Santiago de Compostela. Yo me he
sentido muy culpable estando tan cerca y quedándonos tan lejos
a la vez...
por cierto, que en la portada de La Voz he visto una
noticia de esas que le gustan a
Jaio:
y me ha sorprendido muchísimo que en 20 años, cualquier niño
gallego sólo haya crecido 5 centímetros de nada:
¡no sabía que los gallegos eran tan pequeñitos!
claro, con la intriga me he ido a la noticia en el interior,
pero aún era peor lo que contaban:
¿será por todo lo que se come aquí? que alguien se lo explique
a este pobre peluche que nunca ha sabido cómo es eso
de crecer (ni a lo ancho ni a lo alto)
cosas, creo, del país de los ártabros