ya era de noche cuando entré de nuevo en el Museo de
la Fundación Oteiza. Esta vez íbamos con las gentes de la ciencia
de las que hablaba ayer, y nos recibía, y enseñaba todo, el director
del Museo, Alberto Rosales, capaz de contarte historias
increíbles, hacerte soñar con Oteiza en espacios y tiempos
de dimensiones insondables (qué Lovecraft quedó esto...)
me encantó este monolito horadado denominado Vía Láctea
de noche el museo tiene otra cualidad, de día la luz y el paisaje
del exterior irrumpe violenta en la caja de Saez de Oiza, pero de
noche todo tiene un aire de mausoleo egipcio, parece que
las paredes se van moviendo conforme pasas
lo bueno de visitar un museo guiado por quien lo ha parido
es que además de visitar las entrañas puedes jugar a
descubrir qué pautas, qué sentimientos tenía no sólo el
autor de las obras, sino quienes las exponen... y entonces
él te confirma las sospechas o, más normalmente, te
sorprende con las revelaciones
y puedes sentarte con él tranquilamente y que te cuente
sus sensaciones
o descubrir miles de obras que lo mismo un día podrán
ser expuestas
además recientemente se ha incorporado una evocación
o reconstrucción de los espacios que habitaba Oteiza, y
puedes ver qué leía, cómo configuraba su espacio de
trabajo o de vivir... y entiendes, o crees entender, algo
más
como es habitual últimamente con estas gentes de los museos,
siempre acabamos haciéndonos una foto de grupo, ocasión
que aprovecho para colarme el primero.