esta mañana hacía mucho frío, y la niebla cubría el parque de
Yamaguchi.
era todo como irreal, porque el paisaje urbano quedaba difuminado,
perdido en una pared blanca. El Planetario aparecía y desaparecía
con las rachas más densas
y el césped estaba blanco por la escarcha
era poco más de las ocho de la mañana, e íbamos a trabajar,
pero todo invitaba a escaparse, a perderse y desaparecer.