lo he pospuesto demasiado: hace más de un mes que mis
pasitos me llevaron al Vaticano y aún no lo había contado por
aquí. Espero no dejar nunca tanto tiempo las cosas pendientes...
...pero es que tampoco sabía como abordar la visita a este
pequeño país dentro de Roma, que realmente es la sede de
una multinacional: si un día me lleva ElPez a la sede de Microsoft
posiblemente me pase lo mismo.
aunque Bill Gates no tenga la posibilidad de vestir de opereta
a los guardas de la entrada: esos jóvenes guardias suizos que,
me dijeron, vistió con cierta malintención Miguel Angel... ¿o será
una de las tantísimas historias apócrifas que se cuentan? Porque
también me dijeron que los escogen al gusto de los curitas
rijosos de por allí... en fin, olvidémonos de esas cosas
desde luego la plaza de San Pedro impone: deliberadamente está
hecha para que nos demos cuenta de cómo esta compañía
impone y domina. Y sobrecoge
aunque cuando uno se da cuenta de la escala es cuando se sale
de ella: cuando desde la cúpula de la basílica se pone encima
de todo el mundo, a medio camino entre el Papa y su dios
ahí estaba yo. Y el Orbe a mis pies
por supuesto, hay que subir a esas alturas, y pasear sobre
y dentro y al lado de la cúpula de Miguel Angel
y ver la nave central desde las alturas... ¿mirará así un
angel el mundo? posiblemente porque todo queda tan lejos que
parece insignificante, inferior
como uno es un osito, no un angel, siempre decide bajar
al suelo con sus humanos favoritos
y medirse contra el baldachino de Bernini, descubriendo
que no es posible hacerlo sin perder todo
o encontrarse con la Pietá. ¿Somos realmente piadosos?
¿hay algo más bello que algo así?
desde luego estas gentes que llevan la iglesia de piedad
no saben mucho; de compasión menos, por supuesto...
y así nos va
cosas que uno ve al entrar por aquí, siempre -claro- que uno
esté adecuadamente vestido (eso de adecuadamente según
su criterio)
a los osos nos dejan tranquilamente ir de nudistas
aparte de la basílica y la plaza, y dado que el señor este
tan mayor y tan polaco no recibía, tras mandar unas pías
postales a Vendell y al Pamplonetario, nos fuimos a ver
los Museos Vaticanos
donde uno encuentra uno de los mayores monumentos a la
castración masculina: ¿a quién se le ocurrió cortarles la
chorra a todas las esculturas del mundo clásico? ¿era para
emplearlas de consoladores en las reuniones? ¿o para qué?
claro que cualquier duda se disipa cuando uno se mete en la
Capilla Sixtina y queda inmerso en un puro ataque de Miguel
Angel, que es como un ataque de Arte y de Corazón a la vez
uno querría ser dios y crear el mundo así
o dejarse juzgar al final de todo (aunque una vez más te
cuenten que la mojigatería cubrió los desnudos originales,
con lo que uno se da cuenta que estas gentes llevan ya
siglos obsesionados con el sexo... vamos, que lo de las
castraciones es pecata minuta)
(nota: por supuesto, no dejan sacar fotos, pero ya saben
cómo somos aquí)
así que te dedicas a pasear por museos, bibliotecas, otras
capillas sixtinas que también las hay (joe qué bien se lo
pasaba ese Sixto...)
aunque de verdad, con lo que me quedé encantado fue con
el juego de espirales y hélices que propone esta famosa
escalera, ahora sólo de bajada... era un ojo que miraba todo,
que sabía todo lo que hacíamos, nosotros y hasta el propio dios
que también quedaba bajo su escrutinio
quiero decir, y perdonen este florilegio filosófico, que
la propia proporción y medida de la naturaleza, de manos
del hombre, pesaba más que el propio dios en cuyo nombre
llevan este país-empresa