El más duro que he podido leer decía escuetamente:
Se prohíbe jugar.
Lo realmente terrible es que dominaba un enorme patio al que daban los ventanales de unos cuantos bloques de edificios de varios pisos.
¿Se imaginan ustedes el tipo de gente gris que tenía que habitarlos?
Con lo bonito que es espiar los juegos de los críos y recordar los propios, allá cuando aún teníamos tiempo para ellos.