que no se diga que los ositos no peregrinamos también,
y más en año santo compostelano, como el que vivimos
ahí nos fuimos, a conocer Santiago de Compostela,
aunque lo cierto es que aprovechábamos una reunión de
mucha gente que habíamos quedado para comernos
(entre otras cosas, quiero decir) un buen lacón con
grelos, como mandan siempre los tiempos de carnaval
si el Obradoiro impresiona (suponemos que impresiona
más si te encuentras a Fraga asomado al palacio de
enfrente, pero bueno...) lo cierto es que cuando uno
ve el Pórtico de la Gloria cae rendido a la belleza
de la talla, la gloria del románico
lo que pasa es que la gente se dedica a cumplir con
un protocolo más bien penoso que incluye poner la
mano con los dedos en los huecos de la columna en
la que la gente viene haciendo eso desde hace siglos...
y luego darse un cabezazo contra la base de la misma,
pobre parteluz...
por supuesto, eso no da indulgencias, ni nada que
se le parezca... lo que sí hay que hacer es entrar
por la puerta Santa, que sólo queda abierta en los
años en que el 25 de julio cae en domingo
la gente entra así detrás del altar mayor, pero
también, supersticiosamente, tocan la puerta
y se van a darle un abrazo a las espaldas del santo...
para que luego digan que no están locos estos
católicos... y más si pensamos que lo que aquí dicen
venerar son los restos de un presunto Santiago
que vivió hace dos mil años y llegaron en una
especie de barco de piedra a las costas del fin
del mundo... ¡por favor! ¿no da un poco de risa
todo esto?
en esos análisis andábamos cuando nos dimos cuenta
de que en la catedral estaban celebrando una solemne
misa de peregrinos, con la presencia del Arzobispo
monseñor Barrio
antes que él habló, para nuestro desconsuelo,
el Excmo Sr. D. Senén Barro Amenero, rector de
la Universidad de Santiago, físico especializado en
cosas como la lógica difusa, que se dedicó a hablarle
al venerado Santiago como si existiera, con una
pleitesía sorprendente en quien ostenta un cargo
público de una universidad pública...
y luego el Arzobispo se puso a hablar de las familias,
de los ataques a ella, de cómo la ciencia tiene que
respetar la vida humana... el rector no se levantó ni
pareció incomodarse por esos ataques iracundos a
una institución como la Universidad
de hecho a casi nadie pareció importarle eso, salvo
a nosotros, que decidimos marcharnos rápidamente
saliendo de allí por la puerta esa que tienen dedicada
a la Fe
allí fuera respiramos un poco del aire frío y limpio
de esta ciudad, libres de la ponzoña del interior
del garito ese, que ahora veíamos custodiados
por una estatua con los ojos tapadas y la cruz en
la mano: eso es la fe que quieren, por lo que se ve.
ni que decir tiene que me imagino que pocas
indulgencias habremos ganado en nuestra
peregrinación jacobea.